martes, 19 de mayo de 2009

IX


Mi ala está pronta al vuelo.
Retornar, lo haría con gusto,

pues, aun fuera yo tiempo vivo,

mi suerte sería escasa.


Gerhard Scholem, Saludo del Angelus.


Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava la mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catastrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.

Walter Benjamin, Tesis sobre el concepto de Historia

jueves, 14 de mayo de 2009

Extirpación Nro 9

Al percibir tus temores, comprendí lo suficiente como para conocerte bajo cierto grado de angustia, no lo necesario para advertir cuanto misterio guardarías hacia mañana, más lo justo como para entrar y vivir en el asidero de tu infierno.
Sin saberlo vos, ni tampoco yo, tu angustia y tu infierno, luego del exorcismo que fue nuestro encuentro, nos desmantelaron las telas, los ropajes, y tu aura se fundió en mi cielo, y tu angustia e infierno, se grabaron en mi piel, como la cicatriz de mis ojos, que no aguardan al desprevenido, la alegría que sangra en la tragedia.
Derramando inercia, ahora digiero lo imposible.
Temo al próximo ángel, como al venidero demonio que aguarda en vigilia, tras esa cortina.

No vendrás.
No volveré.
Me quedaré, me perderé una vez más, en la iteración del desierto.
Así y todo, no vendrás (es posible que cuando creas llegar, no volverás: ocurre, con el desierto, que hace imposible los encuentros).

El silencio, otra vez será la boca lejana de todos los lobos que habitan con la noche.
La que siempre cae, la que encuentra a todos otra vez, con sus ojos bien cerrados.

Y aunque el augurio sea el que había de llegar, no;
no volveré.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Porco Rex


Ramas desnudas

Mientras miro el mal tiempo
que muestra el ventanal
caen las ramas desnudas que,
no tiemblan como vos

No fue bueno verte de nuevo
no debió haber pasado nunca
lo que mejor te sale es provocar

Fueron un par de días
volvimos a fingir
que estabamos felices de....
desearnos otra vez

Vos siempre estas enamorada
de lo que intentas destruir
dejas la luz prendida para dormir

No veo muy gracioso
ir perdiendo el humor
es un don doloroso amor
tu sonrisa esta vez

Pelusa muerta en los bolsillos
y 35 mangos sucios
de miedo y de auto encierro loco....

Ho, no...
Ho, no...

***

Y mientras el sol se muere

Todavía no usé mi milagro de hoy (que corta es la vida,mi amor!)
No voy a buscar más consuelos tontos
si pasa algo malo esta vez.
Te voy a buscar
en la oscuridad

Yo no sé si pueda volver a encontrarte, amor
si Dios no me quiere en tu eternidad
Sueño con que duermo, no lleno mi tumba aún
y un poquito tarde esta vez se va a
hacer...

Y mientras tanto el sol se muere
y no parece importarnos...
Mientras te quiero el sol se
apaga
y si Dios queda en nada o no existe amaré mucho más.
Te voy a encontrar
en la oscuridad
Algún día, pronto, una de mis vidas
va a intentar matarme y lo va a lograr
Cómo será andar solito allá en la
muerte?
Ay! mi amor ya sin vos... sin tu sueño...

Yo no sabría echarte de menos
(soy un ladrón que robó dolor)
y si te pierdo camino a casa
ya te dije esto antes... linda mía
te voy a encontrar
te voy a buscar
y te voy a encontrar...


Indio Solari, Porco Rex

domingo, 10 de mayo de 2009

Extirpación Nro 8

Sale otro fantasma y vuelve a entrar.
Vicentico.


Nunca hay muchas palabras, aunque paradójicamente abunden. Lo mismo pasa con los fantasmas; entran y salen, entre abundantes y estrepitosos, aunque sean tan singulares.

Pero la realidad se pierde, se engaña a sí misma, cuando el fantasma que surge al encuentro se olvida de sí: se sabe presente y por eso se cree carnal. Se olvida de su condición errante, de su mirada de viento, de que su cuerpo no tiene que ver con lo que llama su deseo, que no es más que un capricho (el deseo del cuerpo, es otra cosa; no será nunca un capricho, el deseo del cuerpo es una necesidad). Se afana en su estadía por su presencia fugaz, augurando un futuro, pues no quiere volver a vivir la misma fugacidad, quiere prolongar su presencia, es así que empieza por asentar una mirada hacia atrás como si hubiera algo sedimentado, por su naturaleza, una huella de sí: el fantasma se olvida de su carencia de lugar, asimila su inexistencia existente a la presencia de una ausencia, que es de un otro infinitamente irredutible, ajeno lleno de misterio.

El fantasma que se advierte de este modo, se figura individuo olvidando ser puro dividuum, se figura en el hábito cotidiano de su cuerpo, y termina engañando al cuerpo que en verdad, es él mismo: hace una epifanía de su rostro y la exige a los fantasmas desesperados de permanencia, instigándolos a esa misma férrea disposición.

El fantasma no quiere partir, no quiere "morir".
Cree que lo que lo compone, es pasado, y el pasado le alivia de lo que es demasiado tarde: la mentira le abre el cielo de las promesas, y construye futuro como si nada, a partir de un presente como si nada.

Se supera y supera, se vuelve un gran mujer, una gran hombre, se asimila de manera tal a la carne que viste su desnudez, que se olvida de la libertad de la carne: del único deseo verdadero que es el de esa carne. La que nunca se logrará traducir sin traicionar.

El fantasma,
transformado en sujeto,
confunde su deseo real
con su capricho intencional.
Su vida,
un bellísimo trazo
de inocente hipocresía,
dura lo que su aflicción,
por una crisis
sin fondo,
interminable.

Por eso un cuerpo es el que aquí escribe, porque yo soy el fantasma que se pierde ante ese cuerpo; por eso es mi cuerpo el que está débil, porque yo soy su parásito contaminante.

Los sujetos, escépticos a lo fantasmagórico, aspiran a un sueño, tan real como la carne que impostan, pero tan inerte como una diversidad de representaciones, como los puros colores de la imaginación, sin un cuerpo que los ofrezca: se trata de una fantástica alegoría de hologramas.
Los sujetos olvidados de su ser fantasma, se quedan sin vivir, a pesar de tanta vida desperdigada en la construcción del presente hacia el futuro, que se guía, sin quererlo!, hacia un puro pasado eternamente presente, en que se reza a los muertos.

***

El fantasma vive de la vida que no tiene,
no tendrá y que es
eternamente hoy;
El sujeto vive de la muerte que no tuvo
para tener eternamente una tumba
a la que escupe y tira flores
acorde a la infinita memoria.

La memoria, que no es de nadie,
una huella de alguien al que aún no le descubrimos su quién.

lunes, 4 de mayo de 2009

Extirpación Nro 7

Pronto llegará mañana.
Será como este instante, ahora, hoy mismo.
No sentiré nada cuando sea mañana,
no habrá algo que lo distinga de hoy,
(de este hoy)
del hoy que vendrá.

Y vendrá.

Mañana,
está llegando.

viernes, 1 de mayo de 2009

El paso (no) más allá

Escribir como cuestión de escribir, cuestión que sustenta la escritura que sustenta la cuestión, no te permite ya aquella relación con el ser —entendido, en primer lugar, como tradición, orden, certeza, verdad, toda forma de arraigo— que recibiste un día del pasado del mundo, ámbito que estabas llamado a regir a fin de fortalecer tu «Yo», aunque éste estaba como fisurado, desde el día en que el cielo se abrió a su vacío.
En vano trataré de representarme a aquel que yo no era y que, sin quererlo, empezaba a escribir, escribiendo (y entonces a sabiendas) de tal modo que el puro producto de no hacer nada se introducía en el mundo y en su mundo. Esto ocurría «por la noche». De día, estaban los actos del día, las frases cotidianas, la escritura cotidiana, algunas afirmaciones, valores, costumbres, nada de importancia y, no obstante, algo que era preciso confusamente denominar la vida. La certeza de que al escribir ponía precisamente entre paréntesis dicha certeza, incluso la certeza de sí mismo como sujeto de escribir, le condujo lenta pero inmediatamente a un espacio vacío cuyo vacío (el cero tachado, heráldico) no impedía en absoluto las vueltas y las revueltas de un recorrido muy largo.

Maurice Blanchot, El paso (no) más allá.

jueves, 30 de abril de 2009

La primavera

Sandro Boticelli, 1476 (o ´77)

lunes, 27 de abril de 2009

Extirpación Nro6

Tramar la venida de un secreto, sin saber ni cómo, ni quién, ni qué, guarda un silencio terrible. Un espanto inabordable, un juego más allá de todo abordar. Y sin embargo un juego. En un juego se va (de) lo terrible, y se viene (a) la palabra, a esta escritura aquí, junto a ustedes, en nuestro silencio, el más dotado de todas las ausencias.
Mi ficción, por su parte, ensaya un abrigo de olvido entre estas letras. Un olvido terrible, que opera desde las sombras, y que hacia las sombras pareciera quedarse (aunque claro, eso ocurre porque todo olvido, por lo "sano" que resulta, no deja de ser un abismo):

"De é-sta letra, de aquí en más, todas, y en todas, cada una de ellas, son de una ausencia mía, acerca de alguien, que pierdo en esta escritura."

Hecho estas palabras "al viento". Para nada. Para nadie. Y todo hecho, queda escrito.

viernes, 24 de abril de 2009

Extirpación Nro 5

El Proceso de transvaloración entre el carácter diferencial de las fuerzas que componen mi nombre: mi inconsciente afirmó la decadencia, y llevó a que mi actividad corporal afirme todos mis vicios, del mismo modo que todos mis placeres. De esa forma, los niveló, los puso a la par. Luego mis placeres y mis vicios, se contaminaron de su otro respectivo: mis vicios, un placer; mis placeres, un vicio. Perceptiblemente previsible, y sin embargo, siempre inconsciente, esa dinámica se acentuó en una circularidad. La circularidad en forma de hábito, en una cotidianidad que permite figurarse en un círculo, cuando el individuo se encuentra situado en una débil organización de las fuerzas, ante la solidez obcecada en la figura del círculo, una imaginación, una memoria, ya con el círculo, han de convertirlo en el laberinto del cual, aquél, no encuentra fuga aunque su posibilidad la intuya. Esto se debe a que lo terrible o siniestro del laberinto, es que como su círculo es en permanente desplazamiento, en su desligamiento produce una temporalidad extática, en la que se está siempre en el mismo sitio, y un lugar u otro, no hacen la diferencia: todas sus puertas y pasadizos “abiertos”, son el modo de su ser cerrado; lo que significa, dicho lúdicamente, que allí no hay tiempo, sino una infinitud trágica. Lo trágico es por una doble circunstancia en el pesar: el círculo patentiza un amor devenido en melancolía. Una y otra, como efectos envenenados, contaminadas de su contrario, acechadas por la muerte, se cristalizan con el sabor del presente continuo, haciendo luz acerca de la necesidad de impostar una eternidad que nos vea morir frente a ella. Esto no señala a un Dios categorialmente definido desde la razón, o la fe, porque tampoco remite a doctrina alguna. Pero sí remite a alg-o-uien como lo divino in absurdum, imposible absoluto de la serie, la fuerza inerte, negada, ausente, que contiene el laberinto. El laberinto, ahora con un trasfondo señalado, es la repetición de la perpetua decadencia de amar lo que no es, como de estar dolido por una no huella en el mundo. Un dolor que es parásito, infecundo y abisal. Un dolor que mi inconsciente al repetir el juego absorto, lo aleja sin poder irse, siendo una inútil espera, quedándose entre el vicio del placer y el placer del vicio.

Nosotros, los débiles, afianzamos todo aquello que no auguramos destruir, y por ello lo destruimos con el tiempo, debo decir mejor, que es el tiempo quien lo destruye, mas con ello a nosotros, aunque claro, ante esa demanda, el tiempo ya nos ajusticia antes, así la espera a un muerto, es de un muerto.

sábado, 18 de abril de 2009

Extirpación Nro 4

Me cansa tener gente alrededor
si no meto un trago llega el mal humor
Mentiras amables veneno paciente
y nada de lo que supimos desear.

Desde cuando sos, tan sensible vos
Indio Solari. Veneno paciente.

Esto es un pecado, lo sé: ya no aplicar fuerzas ni siquiera para pecar; jugar al sometimiento porque ni su resistencia ni la opresión cambian nada aunque quisieran; contemplar la carne en su coqueteo que inutilmente esperaría la flecha que la penetre; no comer porque violentaré al cosmos; este es el hundimiento mismo, ya me traiciono a capa y espada, y me odio con escaso orgullo: donde no hay budismo que justifique, donde no hay cristianismo que sancione, y sin embargo, aprisionado en un doloroso tumor, la de mi cobardía frente a mi destino.
Destino, de todas formas, que como expresión, muy conclusiva, determinante por determinada, mas por eso mismo, absolutamente indeterminada: La incertidumbre del destino. Me pregunto ahí, si la cobardía es por lo incierto, si es ante la incertidumbre, o si es a la apariencia de determinación.

O si es ante la posibilidad del pasado.

Siempre ante la posibilidad del pasado. En el fondo, que no existe, somos superficies con sed de venganza. Mi sed de venganza se ha vuelto invisible, volatilizada en una ausencia, esparcida en la inmaterialidad de un sueño material, en alguien que no va a estar.

Y el amor luego es un sueño sin lugar, deambula por ahí, sin saberse vivo, sin saberse rumiando, sin recordarse jocoso, danzarín: ardilla.

No, no sé dónde he de estar llendo. Pero sí, que estoy llendo. Eso, me asusta: la venganza que no encuentra sed en mí, ha volado y se ha posado en la aguja del tiempo. Entonces el tiempo, de juez pasa a tirano, se venga de mí, de mi impotencia, germinando en mi falta de venganza, el asidero de mi infierno, ligándome al dolor del quiebre imposible: todo marcha, sin detenerse, sin un dónde, y como no sé matar, como no atrevo a matar, como soy el cobarde empuñando el cuchillo mientras vacila, me quedo sin morir. ¿A quien espero para morir?, ¿con quién, por fin, empuñaré mi muerte, con quién mataré?, ¿a quién mataré?, y ¿me mataré, por fin?