No puedo escribir, la subjetividad es insoportable, y le resulta innecesaria al mundo. Yo debo convivir con ella, no soy el que tiene la opción. Pero, alrededor de todo eso, puedo decir algo que le escape, aunque no deje de tener que ver conmigo, con ese yo que no concierne a nadie que aquí me esté leyendo, aunque me relea, pues no seré yo el leído, sino quien lee. Agradezco lo vivido, aunque no lo haya merecido, aunque no haya nada que me pueda dar la pauta de un tal merecer, pues eso solo es problema porque yo planteo un tal "merecer". Y violento que no me importe. Y no me importa, aunque me importe. Y de esa forma sigo, aunque sea absurdo, aunque ya sinsentido. Y ya me puedo volver a ausentar, y ser feliz al desaparecer. Difícil escribir.
Por detrás, dos grandes, cansados pero seguros. Ellos serán la persistencia ordinaria. Por delante, dos niños, ansiosos de éxito. Ellos serán la extrañeza de la fama. Yo, que no soy nadie, el margen que traza la diferencia, lo que distingue a unos de otros. Irreductible e innegable, y por todo eso, lo negado.
En un barco, se puede seguir a cualquiera, pero a un barco, no se sube cualquiera. A un barco, no querrá subirse cualquiera. Quien yá está en él, a él le pertenece. Por eso sigue a cualquiera, pero no cualquiera lo sigue a él. Naufraga en el mar.
¿Y cuánto se puede vivir en naufragio?
Si hay una condena, entre todo lo que determina, ya es la de "estar solo", eso no es lo terrible, lo terrible es el desamparo. Lo otro es costumbre. El desamparo desespera. Atrás, queda el recuerdo por delante.
En una limitación espacial, geográfica, restrictiva a la tendencia de recorrer distancias propia de nuestra especie, se encuentra toda la libertad posible. No hay más. Ya está ahí, toda ella. Y con ella, todo lo que difiere, lo limitado, lo condicionado, en estado de reclusión. Todo eso otro, en su reclusión, es libre. Y ello es libre, porque podrá, alguna vez, desprenderse de ella, de algún modo u otro. O ella se desprenderá de ello, probablemente. Mientras, ello debe ocupar el tiempo, o mejor, horadarlo, de cualquier modo, del modo que sea, con tal que lo haga. De a ratos, la inmensidad del sol en el cielo es total, y se queda ciego y tostado, pues no hay lugar para un refugio. Pero afortunadamente no falta la noche, con el descanso o el temor que se presentarán de una u otra manera. Y ahí está pues, todo ello, esclavo de un espacio, bajo la condena del tiempo. Con la libertad de su limitación. Con ella, para jugársela contra su límite, como mejor puede, con toda su inocencia, que no contempla lo que sostiene al límite que ella cree el fin. El límite no termina ahí. No termina. Se corre siempre un poco más. Y mientras tanto, movimiento. Torpeza de insistir. Buscar. Encontrar. Perder. Todo eso mientras la inocencia se mantiene en pie ante aquél límite. Siempre es inocencia por limitación a un cuerpo, sometido a un espacio, pagando con su tiempo. Ese tiempo que ya no le pertenece, que está vendido; ello es el recibo de ese pago. Pero la tiene a ella, la libertad entera, para llegar a romperse en un choque contra ella.
Se ela não gosta de mim, o que é que voce tem com isso Se ela não presta é ruim, gostar dela é o meu compromisso Guarde o seu conselho, professor O amor é forte não tem idade não tem cor
Se ela não gosta de mim, o que é que voce tem com isso Se ela não presta é ruim, gostar dela é o meu compromisso Guarde o seu conselho, professor O amor é forte não tem idade não tem cor
Deixe que ela me trate com desdenho Deixe que ela me trate com heronia Eu gosto dela professor me sinto bem Se ela fosse o seu amor o que é que voce faria
Ayer mataron a un estudiante de filosofía. Tenía 27 años. Su nombre, Rodrigo Ezcurra. Lo conocí por su gentileza y curiosidad, más que por una excusa formal o institucional, que las había, aunque las omitimos. En vez de preguntarme directamente por Spinoza desde su afinidad leibniziana, me preguntó si yo había salido con determinada señorita. Hablamos de Deleuze alguna tarde bajo el árbol de Puán, con una cerveza que me ofreció y un porro que le ofrecí. Hicimos un viaje juntos a un congreso de filosofía en Mendoza, y allí notó, en mis modos reservados, que gustaba de ser precavido para las ocasiones oportunas que vendrán. Un gran observador, un simpático inquieto, errante como perdido, dulce como tímido, diseminado en búsquedas como todo apasionado que no encuentra sus raíces. Hasta hace una hora no quise creer que se trataba de él, desconocía su apellido; apenas si lo descubrí en los plácidos momentos que nos logramos ofrecer. No puedo evitar rendirle mi homenaje a este anónimo que supo ser mejor compañero, aún ausente, que tantos maniquíes que apoyan su culo en un salón más de esa fábrica de fósforos.
Para olvidarme de ti voy a cultivar la tierra, en ella espero encontrar remedio para mis penas.
Aquí plantaré el rosal de las espinas más gruesas, tendré lista la corona para cuando en mi te mueras.
Para mi tristeza violeta azul, clavelina roja pa mi pasión y para saber si me correspondes deshojo un blanco manzanillón. Si me quierés mucho, poquito, nada, tranquilo queda mi corazón.
Creciendo irán poco a poco los alegres pensamientos cuando ya estén florecidos irá lejos tu recuerdo.
De la flor de la amapola seré su mejor amiga, la pondré bajo la almohada para dormirme tranquila.
Cogollo de toronjil, cuando me aumentan las penas las flores de mi jardín han de ser mis enfermeras.
Y si acaso yo me ausento antes que tú te arrepientas heredarás estas flores, ven a curarte con ellas
"Según investigaciones y estudios realizados por europeos en los siglos XIX y XX, el barbero primero envolvía desde su base al pene y los testículos conjuntamente en una venda común que ajustaba fuertemente, lo que producía dolor y proporcionaba la forma de una especie de embutido. A continuación iba retorciendo hacia un lado el paquete así formado, tomaba un cuchillo curvo y lo alzaba a distancia, calculando para un corte fuerte y veloz. Llegados a este punto el barbero preguntaba una vez más si estaban seguros de una decisión que sería irreversible, si el futuro eunuco era mayor de edad, él debía responder por sí mismo, y si era menor entonces la respuesta correspondía a la familia, allí presente. Si la respuesta final era afirmativa, entonces con un solo movimiento cercenaba los genitales. Luego, junto con el inmenso dolor, se producía una abundante hemorragia. El barbero aplicaba baños de sales y aceites para detenerla y luego aplicaba una pequeña cuña de metal, generalmente estaño, en el orificio uretral. Entonces acontecía lo más difícil, el nuevo eunuco debía estar andando despacio sin mayor descanso, y no consumir nada de líquidos por unos días. Al cabo del tiempo, se le retiraba el tabique de metal antes colocado en el orificio uretral, si conseguía orinar, entonces la operación había sido un éxito y ya podía empezar a gestionar un empleo para servir en la Corte del Emperador. En caso contrario, una atroz agonía esperaba al nuevo eunuco antes de su lenta muerte."
Que "la tristeza no tiene fin, pero la felicidad sí", que "todo en su lugar exacto", que "la triste alegría", son distintas expresiones de manifestaciones musicales populares en que se revela cómo las fuerzas reactivas contienen el vigoroso impulso creativo, floreciente, de las fuerzas activas, que van a por el mundo, o mueren en su busca. Recuérdese siempre, aún cuando todo esté perdido, aún cuando todo dé la impresión de otra derrota más, aún cuando los derrotados aparentan debilidad y congoja, aún cuando también, habiendo perdido, intentan vivir, que las fuerzas activas, aún acompañadas, lo son de un modo provisorio, pues siempre andan solas, abandonadas a su propio destino, a la embergadura de una desolación alegre, que se jacta de su fuerza en todas las caídas y en todos los vituperios: porque aquel en que se revela la fuerza activa, se conjugan todos los resentimientos y rencores, todas las miserias y, sobre todo, por sobre todas las cosas, en donde se anquilosa su despliegue por la intervención de la represión cobarde, pero lapidaria, de aquellos que obtienen su fuerza ultrajando la de estos otros.
-Vos te haces fuerte matándome. Mi presente no es hoy. Habrá sido el de ayer, o el de mañana. Me extirpas el día, el día a día. Lo haces tuyo, me amputas la raíz, ¡la raíz! Y me dejas seco, abandonado al destino que los dioses me libran, a la tierra anónima que siempre, tan bendita y llena de gloria en su silencio y en su preciada indiferencia, abriga a todos los anónimos, a todos los que, no teniendo dónde morir, ella los cobija. Y todo esto lo haces a base de mi confianza, a ti; yo, que creí y creo una vez más, y siempre, aún inútilmente, perpetuamente más allá de toda obvia estupidez, que algún día podrías ser alegre para soportar, para convivir, con mi fuerza. Pero le temes y la deseas, y por eso no me toleras y venís por mi muerte, y me matas, y me matarás cuánto haga falta, porque el resentimiento del mundo no soportará nunca, jamás, haber descubierto que la felicidad se vislumbraba en la tierna modesta sonrisa de otro. Mi sonrisa, ayer, mi sonrisa, mañana. Mi sonrisa, hoy, bajo tierra, una vez más. Que no sea la última. Alguna semilla lo habrá de saber: no será la última. ¡Que se repita miles y miles de veces más!, ¡Que los cuerpos nacieron para luchar y morir!, ¡para reír aún siga vigente el reino de los tristes!
Pronto, es inminente, todo volverá a su correcto lugar. Se avecina nuevamente, la victoria abyecta de los insolentes cobardes. Es tiempo de mirar una vez más al horizonte, siempre augurando otra espera, y que el machete -no será un hacha- me derribe de un golpe seco.
"La «marca [trace] matinal» de la diferencia se ha perdido en una invisibilidad sin retorno y, sin embargo, su pérdida misma está abrigada, guardada, mirada, retardada. En un texto. Bajo la forma de la presencia."
Si debe pensarse una relación, un vínculo entre dos personas signadas por el amor, la atracción y el deseo, es prácticamente imposible sostenerse en un Olimpo resguardado de la experiencia y el devenir, la ineludible fluctuación a través del tiempo soportada por ambos individuos romperá la cristalización idealizada del vínculo en una oscilación sin parangón, en la que se restituirán los ordenes implícitamente establecidos antes de toda primer consumación del enlace, en la que sólo existía una primitiva forma elemental de atracción, y que ahora, sometidos a la destrucción que obra el tiempo por sobre todas las cosas enlazadas, apenas es cuestión de esperar, para poder descubrir en la exposición de los dos, entre los dos, quién de éstos era que miraba hacia arriba para encontrar su meta, y quien no podía mirar hacia abajo, porque le restaba iluminación; quien se desenvolvía, ¡ay!, ¡casi como fuerza azarosa y necesaria del destino propio!, como amante, y quien se torna, casi por simple efecto, en amado.
El orden no puede sostenerse, es un Aleph, una piedra de toque, el orden se quiebra no bien se abandonó la posibilidad y se alcanzó el concebirlo efectivamente. Y quien primero concibe ése orden, a quien primero aturde la visión irreal, a quien le llegó la iluminación que augura una posibilidad que no será la que vendrá, ése será condenado a la busca, a la meta, sin dejar al par, de ser individuo real, carne, aislamiento, soledad: ése, será Orfeo magullado por la escisión entre la imagen que lo iluminó y su cuerpo propio que lo ata a su pasado, siempre presente. Cobardía en la audacia de perseguir una gran meta debido a una frágil condición corpórea que atemoriza y es siempre vigente.
Porque aquí no se trata del amor fraterno que permite el juego abstracto de cierta igualdad falsa, de cierta abstracción elogiosamente engañadora como sustentadora de ese orden falso pero vital, fértil, productivo para las partes, en el que los individuos no se desnudarán por respeto al cuerpo del otro como a su cuerpo propio, y que, por ello mismo, la confesión puede ser tan franca y desinteresada porque el amigo, en tanto amigo, no desnudará al otro, no se desnudará ante el otro, aunque pudiera, porque no destrozaría al otro, aunque estuviera tentado, porque también desea y se confunde ante el otro, aunque actúe frente a él sin pensar, porque también el amor fluctúa independiente a los fines de la relación misma y entonces bajo el vínculo fraterno se confunden las necesidades con los caprichos.
El amor atravesado de proyección; el amor que se inaugura como idealidad; el amor que dispara flechas desde el arco que porta el amante y que quiere ver sangre en la cosa amada; el amor que busca la muerte como sea, bajo la forma que sea, para atestiguar su realidad; ése amor está dispuesto a todo en la apertura del escenario, porque se nutre de lo más vital de cada uno de los individuos; tanto de la fuerza de quien sólo es libre para amar como ama, y no puede hacerlo de otro modo, como de la vida misma de quien sólo se comporta cuán divino venado perdido en el sagrado círculo de la naturaleza, deidad mortal del silencioso bosque, que en virtud de una mirada que lo acecha, apenas es un Dios egoísta bajo amenaza de muerte.
Alejado, abandonado de las otras formas de amor, éste, el más solitario de todos los amores, el amor más egoísta por ser el más autodestructivo, el más cobarde por ser el más osado, o bien se vuelve guerrero para vivir y regir como gran conquistador o muere dignamente en medio de la lucha, o bien el devenir lo somete a un destino esclavizado y subyugante. No puede vivirse este amor sin su guerra y sus batallas, sin sus mentiras y sus estrategias, cuando, terrible posibilidad que extrema la naturaleza de un cuerpo condenado a conservarse para seguir teniendo apenas la única posibilidad reactualizada, debe jugarse al extremo dicha posibilidad para consumar su fin, para superarse, para devenir en otra forma de amor todavía más alta, o acaso, tal vez, para que muera en la altura en la que éste exige para morir, un amor signado por la imposible proeza.
Se trata de un amor teñido de orgullo, que no tolera las bajezas en demasía, que demanda gentileza en austeridad, la persistencia en soledad, la fuerza en la indiferencia. Volverse a Dios, es el propósito impensado hacia el que se dirige el amante; ascender del modo que sea, es su meta: superar a la cosa amada, aniquilar la forma divina que degrada la mortalidad de la vida, sobre todo, desgarrar la cosa amada, atravesarle una buena flecha precisa en medio del torso, que sin dar muerte, la angustie con el fin, y así por fin la cosa amada se advierta viva y no divina, acompañada en soledad y no existiendo solitaria, individualizada en virtud de la angustia por padecer una especie de fin, sin saber su origen.
“Saber su origen”, entonces, podría ser un motor para el impulso (falso impulso) del ataque del amante, una última guarida, una última ilusión, clara señal que revela la condición de último hombre, terrible signo que anuncia la posibilidad de des-obrarse, de romperse, de superarse y destruir la imagen sin cuerpo que obtura al cuerpo mismo frente al cuerpo buscado, la última -por primera- dificultad para liberar al cuerpo de su propia sombra, aunque ésta vuelva, pero siempre -y sólo- por detrás.
No. No hay que volverse Dios. Menos aún, asesinar a la cosa amada. Pero hay que lastimarla con la suficiente fuerza y sin llegar a aniquilarla, para que el dolor la fortalezca ante el crudo mundo vivo y sangrante, o muera por la debilidad de portar un cuerpo de imagen, una solidez de aire, una resistencia onírica. Asustar al venado, hacer correr al venado, desesperar al venado para avisparlo ante el mundo, para que busque mejor el alimento del mundo y se esconda mejor del dolor del mundo, para que sepa ser mundo en el mundo, para que deje de comportarse como un Dios, siempre obra de una simple y gran mirada cazadora.
Sí. Hay que disparar flechas. Hay que desaparecer en el acto aún bajo la misma presencia. Hay que ser frío por dulce, y dulce por amargo. Hay que romper con el destino de Orfeo. Hay que seguir adelante sin conserva alguna, hay que vivir hasta morir, mas no, para morir, y que el resto, siembre otra historia.
Lo de menos son todos los secretos que intuyo huelo y toco y siempre te respeto lo de menos es que jamás me sobres que tu amor me enriquezca haciéndome más pobre lo de menos es que tus sentimientos no marquen en horario con mi renacimiento lo de menos es larga soledad lo de menos es cuanto corazón lo que menos importa es mi razón lo de menos incluso es tu jamás mientras cante mi voz intentando atrapar las palabras que digan las palabras que digan las palabras que digan lo demás.
Amoroso de forma que no mancha en verso y melodía recurro a la revancha mi despecho te besará la vida allá donde mas sola o donde mas querida donde quiera que saltes o que gires habrá un segundo mío para que no suspires es la prenda de larga soledad es la prenda de cuanto corazón lo que menos importa es mi razón lo de menos incluso es tu jamás mientras cante mi amor intentando atrapar las palabras que digan las palabras que digan las palabras que digan lo demás.
Pajarillo, el fin de mis dos rosas espántame los golpes y no la mariposa ejercita tu danza en mi cintura aroma incomparable o pan de mi locura con tu cuerpo vestido de mis manos ardía una nueva infancia alcohol de menos grados desde el mar te lo cuento en soledad desde el mar te lo lanza un corazón lo que menos importa es mi razón lo de menos incluso es tu jamás mientras cante mi amor intentando atrapar las palabras que digan las palabras que digan las palabras que digan lo demás.
For 27 years I've been trying to believe and confide in different people I found
Some of them got closer than others and some wouldn't even bother and then you came around
I didn't really know what to call you You didn't know me at all but I was happy to explain
I never really knew how to move you so I tried to intrude through the little holes in your veins
And I saw you But that's not an invitation that's all I get If this is communication I disconnect I've seen you, I know you but I don't know how to connect so I disconnect
You always seem to know where to find me and I'm, still here behind you in the corner of your eye
I never really learn how to love you but I know that I love you through the hole in the sky
where I see you and that's not an invitation that's all I get If this is communication I disconnect I've seen you, I know you but I don't know how to connect so I disconnect
Well this is an invitation it's not a threat If you want communication that's what you get I'm talking and talking but I don't know how to connect
and I hold a record for being patient with your kind of hesitation I need you, you want me but I don't know how to connect so I disconnect I disconnect
Mas pra que Pra que tanto céu Pra que tanto mar, Pra que De que serve esta onda que quebra E o vento da tarde De que serve a tarde Inútil paisagem Pode ser Que não venhas mais Que não voltes nunca mais De que servem as flores que nascem Pelo caminho Se o meu caminho Sozinho é nada É nada É nada