Bienaventurados los olvidadizos: pues «digerirán» incluso sus estupideces.
viernes, 30 de octubre de 2009
217
¡Ponerse en guardia contra quienes dan mucho valor a que se confíe en su tacto y sutileza morales en materia de distinciones morales! Jamás nos perdonan el haberse equivocado alguna vez en presencia nuestra (y, no digamos, a propósito de nosotros), -inevitablemente se convierten en nuestros calumniadores y detractores instintivos, aun cuando continúen siendo «amigos» nuestros-.
Bienaventurados los olvidadizos: pues «digerirán» incluso sus estupideces.
Bienaventurados los olvidadizos: pues «digerirán» incluso sus estupideces.
F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal.
martes, 27 de octubre de 2009
jueves, 22 de octubre de 2009
XI
Se adelantaba lentamente, bajo un sol perpendicular a la tierra: su cuerpo sin sombra tenía la dura fragilidad de una rama, no sé yo qué fuerza combativa en su levedad ni qué terrible audacia en su decoro. Llevaba un traje celeste que la envolvía como un pedazo de bruma; pero el jardín, la luz, el aire, todo el trabajo de la tierra y del cielo se concertaban allí para vestirla, tan pavorosa era, sin embargo, su desnudez. Vuelto su rostro al sol, mostraba las dos violetas de sus ojos y el arco leve de su sonrisa; en torno de sus cabellos trazaba círculos una abeja zumbante. Al andar, sus pies menudos hacían crujir arenas de oro, conchas marinas y corazas azules de escarabajos; y su llegada me parecía interminable, como si Aquélla vienese de muy lejos, a través de cien días y cien noches.
El Cuaderno de Tapas Azules,
Adan Buenosayres.
Leopoldo Marechal
Adan Buenosayres.
Leopoldo Marechal
viernes, 16 de octubre de 2009
Basta cheeee
"Basta che, y sí, dijo eso, y no se arrepiente porque obviamente no se va a arrepentir, es como dice Diego, al final parece que lo que querían es no ir al mundial... Piensen lo siguiente, si le preguntan a Charly Garcia si se arrepiente de haberse tirado del noveno piso, que les va adecir? que nooo... porque se salvó. Lo mismo Maradona, queridos, aprendan, GANO y estamos en el mundial, y ahora hablen de otra cosa, que el que le pide al Diego buenos modales o 1) no lo conoce, o 2) se cree que fue a un colegio inglés."
Diario Crítica, comentario a la nota: Sigan mamando: "No pienso volver atrás y no tengo que pedir disculpas"
domingo, 4 de octubre de 2009
Rosarium philosophorum
sábado, 3 de octubre de 2009
Libro de Manuel
–Pero tú la quieres a ella, Andrés. Yo soy tu contragolpe, lo que te devuelve por un rato a ella. No es un reproche, te quiero, lo sabes, te guardo como eres, en tu mundo, desde el otro lado donde no conozco nada, no conozco a nadie, a ninguno de tus amigos, la vida que haces con ellos, los sudamericanos que solamente encuentros en las novelas y en el cine.
–No es solamente culpa mía –le dije hoscamente–, toda esa tribu incluye a Ludmilla y ustedes dos han decretado que no pueden y no deben encontrarse por nunca jamás.
–Me pregunto cómo podríamos encontrarnos, qué bases podría tener una relación con lo que nos rodea, este mundo. Tú vas y vienes, como yo podría ir y venir si tuviese otro amigo; una vez, hace ya tanto, pensé vagamente que era posible, pero todo se quedó en eso, vagamente. Tú no nos quieres de veras, Andrés, es la única explicación posible, perdóname, ya sé que te asquea la psicología amorosa y todo eso, a ti te asquea todo lo que no te conviene en el fondo, perdóname otra vez.
–No es eso lo que me asquea, sino lo que hay detrás, la resistencia absurda de un mundo resquebrajado que sigue defendiendo rabiosamente sus formas más caducas. Querer, no querer, fórmulas. Yo he sido tan feliz con Ludmilla, era perfectamente feliz con ella cuando te encontré y vi que eras otro pliegue de la felicidad, otra manera de ser feliz sin renunciar a lo que estaba viviendo; y te lo dije en seguida, y tú me dejaste venir aquí sin condiciones, aceptando.
–Siempre se acepta –dijo Francine– el tiempo es largo y una se dice que. Tal vez. Acaso un día. Porque el amor.
–La deducción es la misma, claro: ustedes dos son las que quieren de veras, mientras que yo, etcétera. Mirá, todo se me ha hecho trizas con Ludmilla, lo sabés, porque tampoco ella ha aceptado, porque no sirvió de nada ser honesto, ya lo sé, a mi manera, ser honesto es para mí que ella y vos sepan que hay vos y ella, eso es todo, pero no anduvo, no andará jamás, vivimos un tiempo en que todo está saltando por el aire y sin embargo ya ves, esos esquemas siguen fijos en gentes como nosotros, ya te das cuenta de que hablo de los pequeñoburgueses o de los obreros, la gente nucleada y familiada y casada y chimeneada y proleada, ah mierda, mierda.
–Y tú –dijo Francine que casi se divertía– juegas a U Thant entre Ludmilla y yo, el conciliador, la abeja entre dos flores, algo así; me gustaría verte tomando café con las dos al mismo tiempo, o llevándonos al cine del brazo. Ah, me sacas de mis casillas.
–Ojalá mi amor, ojalá.
–No es solamente culpa mía –le dije hoscamente–, toda esa tribu incluye a Ludmilla y ustedes dos han decretado que no pueden y no deben encontrarse por nunca jamás.
–Me pregunto cómo podríamos encontrarnos, qué bases podría tener una relación con lo que nos rodea, este mundo. Tú vas y vienes, como yo podría ir y venir si tuviese otro amigo; una vez, hace ya tanto, pensé vagamente que era posible, pero todo se quedó en eso, vagamente. Tú no nos quieres de veras, Andrés, es la única explicación posible, perdóname, ya sé que te asquea la psicología amorosa y todo eso, a ti te asquea todo lo que no te conviene en el fondo, perdóname otra vez.
–No es eso lo que me asquea, sino lo que hay detrás, la resistencia absurda de un mundo resquebrajado que sigue defendiendo rabiosamente sus formas más caducas. Querer, no querer, fórmulas. Yo he sido tan feliz con Ludmilla, era perfectamente feliz con ella cuando te encontré y vi que eras otro pliegue de la felicidad, otra manera de ser feliz sin renunciar a lo que estaba viviendo; y te lo dije en seguida, y tú me dejaste venir aquí sin condiciones, aceptando.
–Siempre se acepta –dijo Francine– el tiempo es largo y una se dice que. Tal vez. Acaso un día. Porque el amor.
–La deducción es la misma, claro: ustedes dos son las que quieren de veras, mientras que yo, etcétera. Mirá, todo se me ha hecho trizas con Ludmilla, lo sabés, porque tampoco ella ha aceptado, porque no sirvió de nada ser honesto, ya lo sé, a mi manera, ser honesto es para mí que ella y vos sepan que hay vos y ella, eso es todo, pero no anduvo, no andará jamás, vivimos un tiempo en que todo está saltando por el aire y sin embargo ya ves, esos esquemas siguen fijos en gentes como nosotros, ya te das cuenta de que hablo de los pequeñoburgueses o de los obreros, la gente nucleada y familiada y casada y chimeneada y proleada, ah mierda, mierda.
–Y tú –dijo Francine que casi se divertía– juegas a U Thant entre Ludmilla y yo, el conciliador, la abeja entre dos flores, algo así; me gustaría verte tomando café con las dos al mismo tiempo, o llevándonos al cine del brazo. Ah, me sacas de mis casillas.
–Ojalá mi amor, ojalá.
Julio Cortázar.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
El arte por el arte.
El arte por el arte. La lucha contra todo objetivo asignado al arte es siempre una lucha contra la tendencia moralizante del arte, contra la subordinación del arte a la moral. El arte por el arte quiere decir: ¡Al diablo la moral! – pero esta hostilidad misma revela el poder tiránico del prejuicio. Si excluimos del arte el objetivo de predicar una moral y de corregir al hombre, no se sigue en absoluto que el arte esté totalmente desligado de justificación, de objetivo, de sentido, en breve, que sea “el arte por el arte”, esa serpiente que se muerde la cola… ¿Qué hace entonces el arte? ¿No alaba? ¿No celebra nada? El arte es el gran estimulante de la vida (§ 24).
F. Nietzsche, El Crepúsculo de los Ídolos.
mesianismo y revolución
Creo ser Goldstein.
«mesianismo y revolución».
el discurso acuciante
descansa a la philosophie.
Ella, afligida,
le pregunta
al espíritu
beligerante:
¿y de quién
sino de otros,
sino de otros,
es de quién
se irá a hablar?
´´.´´
´´´´´
Yo,
digo:
creo ser Goldstein.
No, mandarina.
Soy mandarina.
Y la contrariada,
vapuleada,
recelada,
amada,
odiada,
¡pauvre philosophie!
¿y de qué
se habla,
sino se habla
de otros?
(...)
de nada.
(de nada)
(( e nad ))
((( na )))
(((( ))))
(((((((.............)))))))
«mesianismo y revolución».
el discurso acuciante
descansa a la philosophie.
Ella, afligida,
le pregunta
al espíritu
beligerante:
¿y de quién
sino de otros,
sino de otros,
es de quién
se irá a hablar?
´´.´´
´´´´´
Yo,
digo:
creo ser Goldstein.
No, mandarina.
Soy mandarina.
Y la contrariada,
vapuleada,
recelada,
amada,
odiada,
¡pauvre philosophie!
¿y de qué
se habla,
sino se habla
de otros?
(...)
de nada.
(de nada)
(( e nad ))
((( na )))
(((( ))))
(((((((.............)))))))
lunes, 28 de septiembre de 2009
Libro de Manuel
Ludmilla no dijo nada pero me pasó una vez más la mano por la cara, casi sin tocarme la piel, y era algo que precisamente se parecía tanto a la lástima. En fin, cómo saber cuál de las dos me tenía más lástima porque también Francine se quedaba mirándome de a ratos como alguien que quiere consolar y se dice que es inútil porque no hay ni siquiera desconsuelo, hay esa otra cosa sin nombre que yo no puedo dejar de buscar o de ser, y así da capo al fine. Nada acababa ahí puesto que todos teníamos razón, nuestra razón. Nada acababa ahí pero nada parecía empezar tampoco; al extremo de cada diálogo con Francine, con Ludmilla, se abría un nuevo plazo precario donde caricias y sonrisas eran como habitantes furtivos y corteses, andando en puntas de pie; convencerse, entonces, convencerse (y no, imposible aceptar eso: seguir sobre el techo hasta el final, romperse la crisma pero seguir a caballo sobre dos aguas, sobre dos mundos, queriendo hacerlos uno solo o diez mil), convencerse entonces de que TRIÁNGULO: Figura formada por tres líneas que se cortan mutuamente. No. Aunque se corten, y vaya si se cortan antes y después de las caricias. No. Euclides, no, carajo.
Julio Cortázar
martes, 15 de septiembre de 2009
Hoy parto.
Hoy parto.
¿Y vos?
¿Dónde
tenes tu
corazón?
No
respondas.
Cualquier
respuesta,
por más
honesta
que sea,
sería una
mentira
de todas
maneras.
¿Y vos?
¿Dónde
tenes tu
corazón?
No
respondas.
Cualquier
respuesta,
por más
honesta
que sea,
sería una
mentira
de todas
maneras.
viernes, 11 de septiembre de 2009
lunes, 7 de septiembre de 2009
sábado, 29 de agosto de 2009
El salvaje en el espejo
Los nuevos salvajes cristianos no sólo rechazaban la polis antigua y sus leyes coercitivas; su libertad era también un acto de rebeldía contra el pecado original, una afirmación del poder del hombre para desprenderse no sólo de las leyes seculares sino también de las leyes de la naturaleza; era un acto utópico, exasperado, encaminado a encontrar la liberación. Fueron auténticos atletas, como se les solía llamar, que pusieron todas las fuerzas de su naturaleza humana para derrotarla; en un intento de liberarse de sí mismos, llegaron a mimetizarse con la naturaleza animal a la que combatían.
El monoteísmo judeocristiano, en su lucha contra el paganismo, necesitaba expulsar "de la naturaleza a la divinidad", como ha dicho Toynbee. No sólo fueron expulsados de su cuna natural los dioses paganos, sino que la naturaleza fue convertida en un campo de batalla -el desierto- en donde se enfrentaban las fuerzas del mal y del bien. En el desierto, como metáfora de una historia desnaturalizada, sólo podían sobrevivir, para llegar a la redención final, los hombres salvajes endurecidos por pecados bestiales pero santificados gracias a los sacrificios de una vida ascética y a una fe templada, como dice Cioran, en el "furor contra el mundo antiguo".
En cierto sentido, no estaban equivocados los pensadores paganos que veían a los cristianos como unos hombres salvajes. No sin razón Celso, a fines del siglo II d.C., se refiere a ellos como a una "nueva raza de hombre nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, conjurados contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente marcados por la infamia, pero glorificándose de la execración común". Los anacoretas peludos del desierto eran un signo del peligro -de la hybris- que amenazaba a la civilización antigua.
El monoteísmo judeocristiano, en su lucha contra el paganismo, necesitaba expulsar "de la naturaleza a la divinidad", como ha dicho Toynbee. No sólo fueron expulsados de su cuna natural los dioses paganos, sino que la naturaleza fue convertida en un campo de batalla -el desierto- en donde se enfrentaban las fuerzas del mal y del bien. En el desierto, como metáfora de una historia desnaturalizada, sólo podían sobrevivir, para llegar a la redención final, los hombres salvajes endurecidos por pecados bestiales pero santificados gracias a los sacrificios de una vida ascética y a una fe templada, como dice Cioran, en el "furor contra el mundo antiguo".
En cierto sentido, no estaban equivocados los pensadores paganos que veían a los cristianos como unos hombres salvajes. No sin razón Celso, a fines del siglo II d.C., se refiere a ellos como a una "nueva raza de hombre nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, conjurados contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente marcados por la infamia, pero glorificándose de la execración común". Los anacoretas peludos del desierto eran un signo del peligro -de la hybris- que amenazaba a la civilización antigua.
Roger Bartra
viernes, 28 de agosto de 2009
Esa mujer
Por Martín Caparrós.
Es curioso lo que pasa con las mujeres cuando llegan al poder: nada. Quiero decir: nada que las distinga demasiado de los hombres en el poder. Se diría que, en esa frase, lo importante es “el poder”, no el sexo de quien lo ejerce. En las últimas décadas, desde que empezaron a encabezar gobiernos, parece como si la mayoría de esas mujeres se hubieran propuesto desmentir cualquier atisbo de sospecha de posibilidad de acaso imaginar que su condición femenina las haría más débiles –menos capaces de poder con el poder– y se convirtieron en superhombres: Margaret Thatcher es el caso emblemático, pero también Golda Meir o Benazir Bhutto o Angela Merkel. Son mujeres que intentaron demostrar que, en el poder, ser mujer no significa casi nada. Contra cualquier postulado de que lo femenino podía ser diferente, contra aquel discurso que sostenía que los que habían hecho la guerra y la injusticia y las sombras del mundo eran los hombres, ellas contribuyeron a la idea de igualdad de géneros: que una mujer puede ser tan inclemente como el más inclemente de sus conciudadanos.
Es curioso lo que pasa con las mujeres cuando llegan al poder: nada. Quiero decir: nada que las distinga demasiado de los hombres en el poder. Se diría que, en esa frase, lo importante es “el poder”, no el sexo de quien lo ejerce. En las últimas décadas, desde que empezaron a encabezar gobiernos, parece como si la mayoría de esas mujeres se hubieran propuesto desmentir cualquier atisbo de sospecha de posibilidad de acaso imaginar que su condición femenina las haría más débiles –menos capaces de poder con el poder– y se convirtieron en superhombres: Margaret Thatcher es el caso emblemático, pero también Golda Meir o Benazir Bhutto o Angela Merkel. Son mujeres que intentaron demostrar que, en el poder, ser mujer no significa casi nada. Contra cualquier postulado de que lo femenino podía ser diferente, contra aquel discurso que sostenía que los que habían hecho la guerra y la injusticia y las sombras del mundo eran los hombres, ellas contribuyeron a la idea de igualdad de géneros: que una mujer puede ser tan inclemente como el más inclemente de sus conciudadanos.
Diario Crítica,
Contratapa del 27-08-09.
Contratapa del 27-08-09.
miércoles, 26 de agosto de 2009
martes, 25 de agosto de 2009
Infinitos temores de la escritura
La escritura es una incisión, y las palabras, una constancia de elementos que deben volver a ser los mismos, a pesar de que la materia, el sustrato donde se hará el grabado, donde quedará la cicatriz y se transforme de manera inevitable la carne que tiembla, no permitan siquiera un sólo paso atrás. Sin embargo por ello, la escritura se tornará así, con ese límite, gracias a él, el absurdo de una repetición eterna de lo ya nunca retornable, y que además, siempre será ajeno, achacando esa diferencia hasta el agobio, si es que hace falta, cuando intentar advertirlo sea demasiado tarde para que alguien pudiera aparecer, y hacerse responsable.
Entonces, ¿qué juego hará cada uno, tratándose de algo que se repite por abundante?, ¿qué imagen contribuirá a ensoñar, y con ello, qué presencia hará surgir, ¡sin querer!, en medio de tanta repetición?
Las palabras no pertenecen a nadie, y por ello mismo, no señalan a nadie: resultan, solamente, la arcilla que se permiten del abuso obsceno de la persistencia humana.
Entonces, lo que evoque una palabra, ¡es tan propio como ajeno!, así, lo que un mismo nombre haga surgir ante los ojos de un otro, ¡es tan ajeno como inabarcable!
En estas condiciones nunca deliberadas, por siempre ya establecidas, ¿qué miedo surge ante un juego blanco, de un ser ajeno a cada uno que se encuentra de pronto aquí, como el lector desprevenido? Yo no puedo preocupar por ello. Nadie debería preocupar por nada.
¿Pero?, otro incansablemente "sin embargo..."
Entonces, recomenzar:
Entonces, ¿qué juego hará cada uno, tratándose de algo que se repite por abundante?, ¿qué imagen contribuirá a ensoñar, y con ello, qué presencia hará surgir, ¡sin querer!, en medio de tanta repetición?
Las palabras no pertenecen a nadie, y por ello mismo, no señalan a nadie: resultan, solamente, la arcilla que se permiten del abuso obsceno de la persistencia humana.
Entonces, lo que evoque una palabra, ¡es tan propio como ajeno!, así, lo que un mismo nombre haga surgir ante los ojos de un otro, ¡es tan ajeno como inabarcable!
En estas condiciones nunca deliberadas, por siempre ya establecidas, ¿qué miedo surge ante un juego blanco, de un ser ajeno a cada uno que se encuentra de pronto aquí, como el lector desprevenido? Yo no puedo preocupar por ello. Nadie debería preocupar por nada.
¿Pero?, otro incansablemente "sin embargo..."
Entonces, recomenzar:
Nadie se encuentra,
ni se encontrará jamás,
en el infinito no-lugar
del fantasma que asedia.
ni se encontrará jamás,
en el infinito no-lugar
del fantasma que asedia.
Más vale que aquél [el lector...] se empiece a reír, o luego ni siquiera podrá lloriquear
(¿y cómo hará después, con el atribulado llanto que su espasmo no le permitirá fluir?).
(¿y cómo hará después, con el atribulado llanto que su espasmo no le permitirá fluir?).
domingo, 23 de agosto de 2009
Liberación
Cuando uno
se quita los ropajes,
se descubre de
todas las máscaras,
y queda todavía el eco
hablando en el viento.
Entonces el fantasma,
conquista la maldición
de todos los hombres.
Y a vos, que me
entregaste tu
eternidad,
yo te entregué mi
fragmentariedad.
¿Quién fue más
generoso?
¿Quién así,
más cruel?
Amor por
tragedia.
El fantasma
se libera.
se quita los ropajes,
se descubre de
todas las máscaras,
y queda todavía el eco
hablando en el viento.
Entonces el fantasma,
conquista la maldición
de todos los hombres.
Y a vos, que me
entregaste tu
eternidad,
yo te entregué mi
fragmentariedad.
¿Quién fue más
generoso?
¿Quién así,
más cruel?
Amor por
tragedia.
El fantasma
se libera.
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