viernes, 13 de noviembre de 2009

El sentido

La interpretación revela su complejidad si se piensa que una nueva fuerza no puede aparecer y apropiarse de un objeto más que adoptando, en su momento inicial, la máscara de las fuerzas precedentes que ya la han ocupado. La máscara o la astucia son leyes de la naturaleza, o sea algo más que una máscara o una astucia. La vida, en sus comienzos, debe imitar la materia para ser únicamente posible. Una fuerza no sobreviviría, si antes no tomase en préstamos la faz de las fuerzas precedentes contra las que lucha. Por eso el filósofo sólo puede nacer y crecer, con alguna posibilidad de sobrevivir, teniendo el aire contemplativo del sacerdote, del hombre ascético y religioso que domina el mundo antes de su aparición. Que tal necesidad pesa sobre nosotros, no sólo lo testimonia la ridícula imagen que nos hacemos de la filosofía: la imagen del filósofo-prudente, amigo de la prudencia y de la ascesis. Pero aún más, la misma filosofía no arroja su máscara ascética a medida que crece: en un cierto modo debe creer en ella, no puede más que conquistar su máscara, dándole un nuevo sentido en el que finalmente se exprese la verdadera naturaleza de su fuerza anti-religiosa. Observamos que el arte de interpretar debe ser también un arte de atravesar las máscaras, y de descubrir qué es lo que se enmascara y por qué, y con qué objeto se conserva una máscara remodelándola. Es decir, que la genealogía no aparece al principio, y que se corre el riesgo de muchos contrasentidos al buscarla, desde el nacimiento, que es el padre de la criatura. La diferencia en el origen no aparece desde el origen, salvo quizás para una mirada particularmente experta, la mirada que ve de lejos, la mirada del presbítero, del genealogista. Sólo cuando la filosofía se ha desarrollado puede captarse la esencia o la genealogía, y distinguirla de todo aquello con lo que, al principio, tenía demasiado interés en confundirse.

Lo trágico,
Nietzsche y la filosofía.
G. Deleuze.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Necesidad de un ausente y de quien está presente

¿Quién aspira a la gloria? ¿Por qué se aspira a la gloria? ¿Es la gloria la forma superior de la mundana fama?, y ¿qué decirle a quien ya no está y del cual nunca sabremos si quizo la gloria, ni cómo la quizo, ni si supo que iría a ser capaz de lograrla? En el último caso, la gravedad de las palabras no es significativo. Lo significativo acá se ahoga en la laguna, el hiato del silencio, la cosa que impera por sobre el mundo, y que por eso se digna de ser permanentemente ultrajada: el silencio. Y con el silencio, los animales balbuceantes no saben qué hacer con su decir. Entonces, surge una serie de necesidades que no ocupan un espacio fenoménico, entidades en el espacio de la espiritualidad, y entonces el espíritu, eso que no ocupa su lugar en el espacio, y del que sin embargo no se podría dar cuenta sin la posibilidad de que el cuerpo haga vibrar en su caja torácica, la masa de sonidos que bajo cierta cadencia produce el efecto de otro universo, o bien, de otro plano del mismo universo, se anonada.
Quedarse con la necesidad de decir algo, parece terrible, produce el hiato del silencio, y entonces el espíritu sufre con el sufrir que hace sufrir al cuerpo, de donde toma su fuerza, en donde echa su raíz, pero dicha necesidad es eso que no existe, es eso que no tiene lugar, o mejor, que nace como efecto siendo aquello que aspira ser causa, y por tanto es por su apariencia de otro lugar, del que no se tiene experiencia, lo que irrita del hiato. Pero ¿cuán terrible es que el decir quede en su potencia como estado de falta?, ¿qué miedo existe en que el espíritu no logre su unidad, no se concilie consigo, y no permita la armonía con la carne que subyuga? No hay nada terrible ahí, sólo temor del espíritu al poder del cuerpo sobre él, el poder de la indiferencia natural a la cosa innatural. Concomitante al temor, existe otro que no es posible evitar, el de que, habiendo tolerado el hiato en el espíritu, éste se trastorna en el escenario del cuerpo, y deja en su marca invisible, una secuela fantasmal que persigue al hablante sin su oyente, y entonces el hablante le dice siempre al fantasma lo que debió haber dicho a su oyente. Lo terrible entonces no radica en no haber podido decir algo al oyente ausente para-siempre, sino, no haber podido evitar al fantasma que acompaña siempre al hablante que se quedó con parte del espíritu atragantado en la garganta.
¿Y qué más terrible que una parte del espíritu esté atragantado en la garganta? En el cuerpo todo debe seguir su curso, como el agua más pura que una vez estancada, comienza a pudrirse.

viernes, 30 de octubre de 2009

217

¡Ponerse en guardia contra quienes dan mucho valor a que se confíe en su tacto y sutileza morales en materia de distinciones morales! Jamás nos perdonan el haberse equivocado alguna vez en presencia nuestra (y, no digamos, a propósito de nosotros), -inevitablemente se convierten en nuestros calumniadores y detractores instintivos, aun cuando continúen siendo «amigos» nuestros-.
Bienaventurados los olvidadizos: pues «digerirán» incluso sus estupideces.

F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal.

martes, 27 de octubre de 2009

jueves, 22 de octubre de 2009

Oktubre

De regreso a Octubre,
Desde Octubre,
Si un estandarte de mi parte,
Te prefiero igual,

XI

Se adelantaba lentamente, bajo un sol perpendicular a la tierra: su cuerpo sin sombra tenía la dura fragilidad de una rama, no sé yo qué fuerza combativa en su levedad ni qué terrible audacia en su decoro. Llevaba un traje celeste que la envolvía como un pedazo de bruma; pero el jardín, la luz, el aire, todo el trabajo de la tierra y del cielo se concertaban allí para vestirla, tan pavorosa era, sin embargo, su desnudez. Vuelto su rostro al sol, mostraba las dos violetas de sus ojos y el arco leve de su sonrisa; en torno de sus cabellos trazaba círculos una abeja zumbante. Al andar, sus pies menudos hacían crujir arenas de oro, conchas marinas y corazas azules de escarabajos; y su llegada me parecía interminable, como si Aquélla vienese de muy lejos, a través de cien días y cien noches.

El Cuaderno de Tapas Azules,
Adan Buenosayres
.
Leopoldo Marechal

viernes, 16 de octubre de 2009

Basta cheeee

"Basta che, y sí, dijo eso, y no se arrepiente porque obviamente no se va a arrepentir, es como dice Diego, al final parece que lo que querían es no ir al mundial... Piensen lo siguiente, si le preguntan a Charly Garcia si se arrepiente de haberse tirado del noveno piso, que les va adecir? que nooo... porque se salvó. Lo mismo Maradona, queridos, aprendan, GANO y estamos en el mundial, y ahora hablen de otra cosa, que el que le pide al Diego buenos modales o 1) no lo conoce, o 2) se cree que fue a un colegio inglés."


Diario Crítica, comentario a la nota: Sigan mamando: "No pienso volver atrás y no tengo que pedir disculpas"

domingo, 4 de octubre de 2009

Cita Sin (Su) Autor.

"el admite
un amor tan absoluto
por la soledad
que sus silencios son
leyenda"

Rosarium philosophorum


Der grüne Löwe, der Sol verschlingt

***

Emblema XVIII. Lo otro de sí se convierte en sí mismo: el alquimista ha conseguido la Iluminación. El león devora el Sol. La sangre cae sobre la tierra.

sábado, 3 de octubre de 2009

Libro de Manuel

–Pero tú la quieres a ella, Andrés. Yo soy tu contragolpe, lo que te devuelve por un rato a ella. No es un reproche, te quiero, lo sabes, te guardo como eres, en tu mundo, desde el otro lado donde no conozco nada, no conozco a nadie, a ninguno de tus amigos, la vida que haces con ellos, los sudamericanos que solamente encuentros en las novelas y en el cine.

–No es solamente culpa mía –le dije hoscamente–, toda esa tribu incluye a Ludmilla y ustedes dos han decretado que no pueden y no deben encontrarse por nunca jamás.

–Me pregunto cómo podríamos encontrarnos, qué bases podría tener una relación con lo que nos rodea, este mundo. Tú vas y vienes, como yo podría ir y venir si tuviese otro amigo; una vez, hace ya tanto, pensé vagamente que era posible, pero todo se quedó en eso, vagamente. Tú no nos quieres de veras, Andrés, es la única explicación posible, perdóname, ya sé que te asquea la psicología amorosa y todo eso, a ti te asquea todo lo que no te conviene en el fondo, perdóname otra vez.

–No es eso lo que me asquea, sino lo que hay detrás, la resistencia absurda de un mundo resquebrajado que sigue defendiendo rabiosamente sus formas más caducas. Querer, no querer, fórmulas. Yo he sido tan feliz con Ludmilla, era perfectamente feliz con ella cuando te encontré y vi que eras otro pliegue de la felicidad, otra manera de ser feliz sin renunciar a lo que estaba viviendo; y te lo dije en seguida, y tú me dejaste venir aquí sin condiciones, aceptando.

–Siempre se acepta –dijo Francine– el tiempo es largo y una se dice que. Tal vez. Acaso un día. Porque el amor.

–La deducción es la misma, claro: ustedes dos son las que quieren de veras, mientras que yo, etcétera. Mirá, todo se me ha hecho trizas con Ludmilla, lo sabés, porque tampoco ella ha aceptado, porque no sirvió de nada ser honesto, ya lo sé, a mi manera, ser honesto es para mí que ella y vos sepan que hay vos y ella, eso es todo, pero no anduvo, no andará jamás, vivimos un tiempo en que todo está saltando por el aire y sin embargo ya ves, esos esquemas siguen fijos en gentes como nosotros, ya te das cuenta de que hablo de los pequeñoburgueses o de los obreros, la gente nucleada y familiada y casada y chimeneada y proleada, ah mierda, mierda.

–Y tú –dijo Francine que casi se divertía– juegas a U Thant entre Ludmilla y yo, el conciliador, la abeja entre dos flores, algo así; me gustaría verte tomando café con las dos al mismo tiempo, o llevándonos al cine del brazo. Ah, me sacas de mis casillas.

–Ojalá mi amor, ojalá.

Julio Cortázar.

Sombras del asesino del rock

El rock
ha muerto.

Lo apuñaló
el más feo
de todos
los hombres:

una mujer.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

El arte por el arte.

El arte por el arte. La lucha contra todo objetivo asignado al arte es siempre una lucha contra la tendencia moralizante del arte, contra la subordinación del arte a la moral. El arte por el arte quiere decir: ¡Al diablo la moral! – pero esta hostilidad misma revela el poder tiránico del prejuicio. Si excluimos del arte el objetivo de predicar una moral y de corregir al hombre, no se sigue en absoluto que el arte esté totalmente desligado de justificación, de objetivo, de sentido, en breve, que sea “el arte por el arte”, esa serpiente que se muerde la cola… ¿Qué hace entonces el arte? ¿No alaba? ¿No celebra nada? El arte es el gran estimulante de la vida (§ 24).


F. Nietzsche, El Crepúsculo de los Ídolos.

mesianismo y revolución

Creo ser Goldstein.
«mesianismo y revolución».
el discurso acuciante
descansa a la philosophie.
Ella, afligida,
le pregunta
al espíritu
beligerante:

¿y de quién
sino de
otros,
sino de otros,
es de quién
se irá a hablar?


´´.´´
´´´´´

Yo,
digo:
creo ser Goldstein.
No, mandarina.
Soy mandarina.

Y la contrariada,
vapuleada,
recelada,
amada,
odiada,
¡pauvre philosophie!

¿y de qué
se habla,
sino se habla
de otros?

(...)

de nada.

(de nada)
(( e nad ))
((( na )))
(((( ))))
(((((((.............)))))))

lunes, 28 de septiembre de 2009

Libro de Manuel

Ludmilla no dijo nada pero me pasó una vez más la mano por la cara, casi sin tocarme la piel, y era algo que precisamente se parecía tanto a la lástima. En fin, cómo saber cuál de las dos me tenía más lástima porque también Francine se quedaba mirándome de a ratos como alguien que quiere consolar y se dice que es inútil porque no hay ni siquiera desconsuelo, hay esa otra cosa sin nombre que yo no puedo dejar de buscar o de ser, y así da capo al fine. Nada acababa ahí puesto que todos teníamos razón, nuestra razón. Nada acababa ahí pero nada parecía empezar tampoco; al extremo de cada diálogo con Francine, con Ludmilla, se abría un nuevo plazo precario donde caricias y sonrisas eran como habitantes furtivos y corteses, andando en puntas de pie; convencerse, entonces, convencerse (y no, imposible aceptar eso: seguir sobre el techo hasta el final, romperse la crisma pero seguir a caballo sobre dos aguas, sobre dos mundos, queriendo hacerlos uno solo o diez mil), convencerse entonces de que TRIÁNGULO: Figura formada por tres líneas que se cortan mutuamente. No. Aunque se corten, y vaya si se cortan antes y después de las caricias. No. Euclides, no, carajo.

Julio Cortázar

martes, 15 de septiembre de 2009

Hoy parto.

Hoy parto.

¿Y vos?
¿Dónde
tenes tu
corazón?

No
respondas.

Cualquier
respuesta,
por más
honesta
que sea,
sería una
mentira
de todas
maneras.

viernes, 11 de septiembre de 2009


Rep.

lunes, 7 de septiembre de 2009

sábado, 29 de agosto de 2009

El salvaje en el espejo

Los nuevos salvajes cristianos no sólo rechazaban la polis antigua y sus leyes coercitivas; su libertad era también un acto de rebeldía contra el pecado original, una afirmación del poder del hombre para desprenderse no sólo de las leyes seculares sino también de las leyes de la naturaleza; era un acto utópico, exasperado, encaminado a encontrar la liberación. Fueron auténticos atletas, como se les solía llamar, que pusieron todas las fuerzas de su naturaleza humana para derrotarla; en un intento de liberarse de sí mismos, llegaron a mimetizarse con la naturaleza animal a la que combatían.
El monoteísmo judeocristiano, en su lucha contra el paganismo, necesitaba expulsar "de la naturaleza a la divinidad", como ha dicho Toynbee. No sólo fueron expulsados de su cuna natural los dioses paganos, sino que la naturaleza fue convertida en un campo de batalla -el desierto- en donde se enfrentaban las fuerzas del mal y del bien. En el desierto, como metáfora de una historia desnaturalizada, sólo podían sobrevivir, para llegar a la redención final, los hombres salvajes endurecidos por pecados bestiales pero santificados gracias a los sacrificios de una vida ascética y a una fe templada, como dice Cioran, en el "furor contra el mundo antiguo".
En cierto sentido, no estaban equivocados los pensadores paganos que veían a los cristianos como unos hombres salvajes. No sin razón Celso, a fines del siglo II d.C., se refiere a ellos como a una "nueva raza de hombre nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, conjurados contra todas las instituciones religiosas y civiles, perseguidos por la justicia, universalmente marcados por la infamia, pero glorificándose de la execración común". Los anacoretas peludos del desierto eran un signo del peligro -de la hybris- que amenazaba a la civilización antigua.

Roger Bartra

viernes, 28 de agosto de 2009

Esa mujer

Por Martín Caparrós.

Es curioso lo que pasa con las mujeres cuando llegan al poder: nada. Quiero decir: nada que las distinga demasiado de los hombres en el poder. Se diría que, en esa frase, lo importante es “el poder”, no el sexo de quien lo ejerce. En las últimas décadas, desde que empezaron a encabezar gobiernos, parece como si la mayoría de esas mujeres se hubieran propuesto desmentir cualquier atisbo de sospecha de posibilidad de acaso imaginar que su condición femenina las haría más débiles –menos capaces de poder con el poder– y se convirtieron en superhombres: Margaret Thatcher es el caso emblemático, pero también Golda Meir o Benazir Bhutto o Angela Merkel. Son mujeres que intentaron demostrar que, en el poder, ser mujer no significa casi nada. Contra cualquier postulado de que lo femenino podía ser diferente, contra aquel discurso que sostenía que los que habían hecho la guerra y la injusticia y las sombras del mundo eran los hombres, ellas contribuyeron a la idea de igualdad de géneros: que una mujer puede ser tan inclemente como el más inclemente de sus conciudadanos.

Diario Crítica,
Contratapa del 27-08-09.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Chacarera del pensador



Proyecto Sanluca.